07Ago/18

Las Monjas

Emplazada en el centro de lo que se ha llamado “el mar de viñas”, debe su nombre a  una antigua casa de labor agrícola-ganadera propiedad de las religiosas agustinas de Requena. 

Texto: Rubén López Fotografía: Fernando Murad

Le está esperando Joaquín Martínez. En la misma puerta de la Cooperativa  Agrícola Virgen del Carmen. El viajero anota en su bloc: 9 de julio del 2018. Plaza Orencio Pérez. El día ha amanecido de un azul diáfano. Sin un nube que llevarse a la boca. Son las 10 de la mañana y el sol ya está repartiendo caramelos. Joaquín es el actual presidente de la cooperativa fundada en 1965. Según el artículo Las Monjas, del Lebrillo Cultural de la Historia de Venta del Moro y aldeas, «por los 15 o 20 socios que tenían menos tierras de la aldea y a la que se sumaron posteriormente todo el resto de propietarios que detentaban sus propias bodegas».

Entre los primeros se encontraba el abuelo de Joaquín: el señor Andrés. Quien fuera su primer secretario. En su honor lleva una camiseta serigrafiada con un retrato suyo junto a un entrecomillado que dice: “Alemanes fuertes, fuertes…”. Ante la cara de sorpresa del viajero, Joaquín le revela que era una frase muy repetida por él.  Pues si el señor Andrés hubiera visto cómo caían los alemanes en la fase de Grupos del Mundial de Rusia 2018 quizá cambiara de opinión. Tal vez. Pero no llegó a verlo, estando a tres días de cumplir  101 años. Además, siempre hay una primera vez para todo. Incluso para los germanos, acuerdan.

No es la primera vez sin embargo que el viajero visita Las Monjas. Es la segunda. Dicen que las segundas partes nunca fueron buenas. Pues aquí están, junto con Joaquín, dos de los socios más antiguos de la cooperativa para desmentirlo: Julián Cárcel García y Gonzalo Montes. Se deja guiar por estos dos monjeños, hombres sencillos y comunes, por los que el viajero siente  una profunda devoción. Porque en ellos está la vida que no está escrita en los libros. Hecha de palabras de carne y hueso: Construimos la cooperativa en dos o tres años. Costó mucho levantarla porque había poderosos que no querían. Pero nos empeñamos. Y lo hicimos con la ayuda de nadie. Arrimando todos el hombro.

El mar de viñas
A día de hoy son entre 40 y 50 socios activos. Recogiendo una media de 4 millones de kilos entre las variedades bobal, tempranillo, macabeo, garnacha tinta, cabernet sauvignon, verdejo y tardana. La cooperativa cuenta con 300 hectáreas donde se practica el método de la confusión sexual para el control de la polilla, siendo la única que provee de vino ecológico al Grupo Coviñas. No es una casualidad, porque Las Monjas se encuentra donde un cronista llamado Nacho Latorre Zacarés clavó la aguja del compás y trazó a su alrededor “un mar de viñas”. Una metáfora que expresa la belleza serena de un paisaje que cautivó a la vecina más ilustre que ha tenido la aldea en su historia: Dª Lucía Garrido Pardo.

Una mujer nacida en la Venta el Moro en el seno de una familia terrateniente. Su madre Fabiana Pardo era monjeña. Su padre, Juan Crisóstomo, en cambio, de La Graja de Iniesta. Su hermano mayor fue el popular Doctor Garrido. Quien regentó tres farmacias en Madrid. A buen seguro que fue su hermano quien le presentó a su futuro marido, el también médico D. Ramón Sáiz de Carlos, que daba su nombre a unas famosas pastillas de la época logrando amasar una auténtica fortuna. El viajero conjetura que una parte importante la empleó Dª Lucía en la aldea de sus amores, no sólo construyendo un caserón donde descansar los veranos, sino también, justo enfrente del mismo, las Escuelas Mixtas (1921) y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen (1928). En mayo de aquel año los monjeños decidieron rotular la calle principal del pueblo con su nombre. La que justo ahora remontan el viajero en compañía de Joaquín, Julián y Gonzalo, camino de la piscina municipal. Porque por estas fechas el sol de mediodía no suele hacer amigos.

Desde el césped que bordea un extremo de la piscina, bajo el amparo de un sauce, repasan algunas anécdotas de la vida en común. De cómo el padre de uno de los presentes trajo en carro desde Valencia los pináculos que hoy coronan la iglesia de estilo neogótico y que quiebran el humilde perfil del pueblo. Y que le dan un cierto “aire a catedral”. Así se la conoce por otra parte en la comarca. Un templo de una sola nave con bóveda de crucería, capillitas adosadas, y una fachada provista de rosetón, ventanales de arcos lobulados, gablete y una esbelta torre campanario. Muy gótica ella. Solo le faltarían las gárgolas para redondear la postal de las grandes catedrales góticas del medievo.

Pegada a la iglesia están las antiguas Escuelas Mixtas, en la actualidad, Hogar del Pensionista. Muy concurrido a la hora del almuerzo, y donde los interlocutores del viajero echan la partida por la tarde. Excepto Joaquín, que recuerda con acento melancólico, como siendo él un niño no cabían en el autobús de la escuela y hoy apenas son 4 los que acuden a la Venta del Moro. Prácticamente los mismos que hay a estas horas en la piscina. Que goza de una tranquilidad proverbial. Una obra que se llevó a cabo siendo alcaldesa pedánea la madre de Joaquín, Mª Carmen Pardo. Con la intención de darle un poco más de vida a la aldea. Que básicamente se concentra durante los meses de verano. Quizá la misma motivación que llevó a su hijo a adquirir hace poco el caserón de Dª Lucía Garrido.

Hotel  con encanto
Cerrado y semiabandonado desde hacía tiempo amenazaba ruina. Con el riesgo de que en cualquier momento el techo acabase desfondado. El viajero es un completo ingenuo y le enumera a Joaquín posibles usos. Atendiendo a la situación privilegiada de la aldea, podía convertirse en un albergue o en un hotel con encanto para amantes del senderismo, la bicicleta de montaña y el enoturismo. Debe haber ayudas y subvenciones para poner en valor un inmueble de este empaque, añade. Podría presentarse el proyecto a RURABLE, continúa. Joaquín le mira con indulgencia. Lo pensará. Y sigue enseñándole las amplias habitaciones, la cocina, abriendo las ventanas para que entre la luz natural e inunde los pavimentos originales. Dándoles de nuevo una mano de vida.

A fin de cuentas de eso se trata. Tanto aquí, en Las Monjas, como en el resto de aldeas vecinas. En Los Marcos, al norte; en Casas de Prada, al oeste; en Los Cojos, al sur; o en Los Ruices, al oeste. Se trata de que el tiempo no eche el cierre. De abrirle los ojos como si fueran las mismas ventanas del caserón de Dª Lucía. Para que salga de donde se quedó encerrado y  juegue a la pelota en el frontón con Luis, Miguel y Eloy. Y a partir de ahí, quién sabe, si no llegarán otros compañeros de juegos el próximo verano. Quién sabe…

20Jul/18

Sorteamos entradas para el concierto de Morat en Viveros

Feria de Julio de Valencia y conciertos van de la mano. El próximo viernes actúa en Viveros Morat y queremos que disfrutes en directo de la música del grupo colombiano. Sorteamos cuatro entradas dobles para el concierto que tendrá lugar el viernes, 27 de julio, a partir de las 21 horas, en los Jardines de Viveros.

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El lunes 23 de julio publicaremos los nombres de los tres ganadores en nuestras redes sociales y en nuestro blog. Puedes consultar aquí las Bases de la Promoción.

03Jul/18

Sorteo “La escapada”

Sal de la rutina, diviértete y disfruta de la vida al puro estilo mediterráneo con nuestros vinos La Escapada. Vinos para gente de espíritu joven que saborea las pequeñas cosas de la vida.

Un vino para cada ocasión. Una escapada a la playa con Rosa&Dito, una escapada urbana con Blanca&Quito o una rural con Tina&Tito. ¿Cuál prefieres?

Participa en el sorteo de 3 packs de 3 botellas.

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27Jun/18

La Albosa Requenense

Una “alredorá” compuesta por las aldeas de Los Isidros, Los Cojos y Casas de Penén. Un paisaje que se divisa tras rebasar la cuesta de la Muelecilla. Un espigón natural que contiene  un mar de viñas antes de sumirse en la profunda depresión del río Cabriel. 

Texto: Rubén López Morán Fotos: Fernando Murad
Cuántas veces el viajero ha anhelado formar parte. De sentirse incumbido. Pero el viajero está de paso. Siempre está de paso. Sin embargo, hay tierras que siendo de tránsito se arraigan a la memoria como las raíces de las cepas más antiguas. Tal vez porque las personas allí nacidas le contagiaron su sentido de fraternidad. Gentes por lo general humildes y sencillas que no tuvieron una vida fácil. Que se la ganaron con el sudor de la frente. Haciendo el milagro del pan y los peces trabajando desde el alba hasta el ocaso. Desde el sol saliente hasta el poniente. Hacia esa tierra se dirige. Que es conocida desde antiguo como la partida de La Albosa.

Enfila la Nacional-322 dejando atrás la vega del río Magro y la aldea del Pontón. Atraviesa un mar de viñas en calma hasta que la carretera se arranca en una cuesta arriba conocida como La Muelecilla. Un espigón natural encorsetado por sólidas hormas de piedra y coronado de bosques de pinos y encinas. Y justo al otro lado la “alredorá” que D. Feliciano Antonio Yeves Descalzo, maestro de Los Isidros durante tres años (1957-1960), describió como un “paisaje de besanas y espartizales, de viñas y huertecillas, de escorrentías y barrancadas, laderas y boscaje de pinos y matorral, en donde se esforzaron y curtieron manos encallecidas y el trabajo y quehacer cotidianos”.

Tres años que el maestro calificó de los más felices de su vida y que supusieron en el trabajo y quehacer cotidianos un antes y un después. Porque fue él quien animó y convenció a un pequeño grupo de agricultores para asociarse y construir la Bodega Cooperativa La Albosa siendo él mismo su primer secretario. Los nombres de los 83 socios fundadores pueden leerse en la placa conmemorativa que se les hizo en su honor en la sede de la cooperativa. Entre ellos el de Luis Cuellar Rodríguez. Que hoy roza los noventa años. Y que goza de una salud de hierro. Y que recuerda como si fuera hoy el mucho sacrificio y trabajo que costó levantarla en el paraje conocido como los Sifones. A base de pico, azada y muchos capazos de tierra removida. Sólo hay que ver la dignidad que cubre sus manos. Hechas a imagen y semejanza del alma albosina.

El alma albosina
Un alma que ha quedado magistralmente recogida en el libro De vuelta por el municipio de Requena. La Albosa Requenense. Escrito a cuatro manos por otra parte. Por Vicente Argilés Gómez, el autor; y Vicente Sáez López, el coautor, y vecino de Los Isidros. Es quien acompaña al viajero junto con el presidente actual de la cooperativa, Francisco Salinas. Si el viajero lo describe como una enciclopedia andante sería quedarse corto. Es mucho más que eso. Es un hombre herido en lo más profundo de su ser por la tierra que acunó sus primeros pasos. Que se la conoce al dedillo. Que se la ha recorrido de cabo a rabo para salvarla del olvido. Rescatando muchas de las vivencias y recuerdos de sus vecinos. A día de hoy reunidos en las aldeas de Los Isidros, Los Cojos y Casas de Penén. Las tres aldeas que han resistido los embates del tiempo. Por el  camino quedaron Casas de Caballero, Los Sardineros y Casas de Cárcel y un sinfín de caseríos diseminados por una geografía quebrada y montuosa, cuajada de cárcavas, barrancos, bosques, ramblas y fuentes.

Pero Vicente no habla desde la nostalgia. Desde un romanticismo trasnochado. Sabe que el tiempo es inmisericorde. Pero si lucha sin desmayo contra el olvido es porque sabe que La Albosa tiene presente y futuro. Además, si los isidreños, cojeros y peneneros se caracterizan por algo, es porque son gente arriesgada y emprendedora. Y fruto de ese carácter fue la constitución un 11 de mayo de 1958 de la primera Junta provisional de la Cooperativa Agrícola “Albosa”. Más tarde llegarían las secciones de Maquinaria, Abonos y la Almazara. Sin olvidar que en 1965 se crea la Cooperativa de Consumo y Harinero-Panificadora “La Albosa”. Desde entonces la bodega no ha dejado de crecer hasta hoy mismo.

Este año se han acometido las obras que traerán consigo una nueva nave provista de techo térmico donde se van a instalar 12 depósitos de fermentación controlada. En la actualidad el número de socios asciende a 276; alcanzando una extensión de 1.660 hectáreas, y recogiendo 6 millones de kilos. Una de las relaciones de kilo por hectárea más bajas del municipio de Requena, indica su presidente, debido a  un régimen de lluvias menor que en otras zonas y a la propia naturaleza del terreno. Una geomorfología donde predominan los materiales del Keuper constituidos por margas arcillosas y yesos de textura harinosa. De ahí la denominación de la comarca y la propia bodega.

Así pues al viajero solo le queda abandonarse a una prosa fácilmente comprensible, enamorada, parafraseando al maestro D. Feliciano, para que revivan cosas casi olvidadas. Un poemario  compuesto de almazaras y lagares íberos, salinas romanas, de cuevas y aldeas refugio de antiguos moriscos, de aguas mineromedicinales, molinos hidráulicos y norias de sangre (movidas por un hombre o con animales), y de un río mítico que está justo al bajar la Sierra del Rubial (La Derrubiada). Un camino que coincide con la ruta roja del Parque Natural de las Hoces del Cabriel y que pasa por Casas de Penén, la aldea abandonada de los Sardineros y Casas de Caballero. Y que puede ser recorrido a pie, en bicicleta o en utilitario.

Y a la vuelta recordar algunos nombres propios de una tierra tan dura como hospitalaria. Como el de Loreto Gallego García, que fue uno de los 32 supervivientes del asedio al acuartelamiento de Baler. Esto es, uno de los héroes llamados los últimos de Filipinas. Como último fue también, pero en abandonar la aldea de Los Sardineros hace 40 años, Maximiliano Torres Soriano, que se dedicaba al pastoreo en un entorno privilegiado, como recoge el libro de los “Vicentes”, con vid, cereales y sobre todo un conjunto de olivos centenarios. Un paisaje natural y etnológico que pide ser puesto en valor. Además, Los Isidros dispone de hotel para pasar la noche. Otro ejemplo que ilustra el carácter arriesgado y emprendedor, del que no se cansa de hablar Vicente Sáez. El París lo levantó un isidreño llamado Amancio Iranzo con sus propias manos y los ahorros obtenidos en Francia. Por este presente y el futuro que esté por llegar, brindan con un rosadito de COVIÑAS alrededor de una mesa todos los aquí reunidos. ¡Salud!

 

31May/18

El director técnico de Coviñas, Diego Morcillo, elegido Mejor Enólogo del Año

El director técnico de Grupo Coviñas, Diego Morcillo, recibió el pasado fin de semana en Tordesillas el premio al Mejor Enólogo Nacional 2018 concedido por la Federación Española de Cofradías Vínicas y Gastronómicas (FECOES).

El jurado, compuesto por nueve miembros, decidió por unanimidad otorgar este reconocimiento a nuestro enólogo dada su trayectoria profesional, su “magnífico y extremadamente extenso” currículum y su “erudición” en el mundo de la enología, además de su amplia experiencia, y porque se encuentra al frente de la dirección técnica de “una de las mejores cooperativas de España, de la que salen grandes vinos”, según explica el presidente de FECOES, Carlos Martín.

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29May/18

Los de la tierra ‘colorá’

Barrio Arroyo toma su nombre de una antigua casa de labor que perteneció en su día a la familia Arroyo Peralta. Y ocupando hoy la era del Tío Julio: la Cooperativa Agrícola del Niño Jesús. Fundada en 1965 por sus vecinos.

Qué duda cabe de que se necesitan de puntos cardinales para vivir. De hitos que ayuden a orientarse en la vida. En la Plana Utiel-Requena hay muchos. Tantos como aldeas. De ahí que sea un paisaje hecho de paisajes. Un mosaico que tiene un mar de viñas sólidamente arraigadas a una tierra que cambia de color según el cielo que le mire. En efecto. Si la lluvia resbala por algunas de sus onduladas mejillas se ruboriza en extremo. Una timidez a la vista justo donde hoy se encuentra el viajero. En Barrio Arroyo. Una aldea situada entre las de San Juan y Roma, a poco más de un kilómetro de San Antonio, de la que le separa el río Magro. No en vano, a sus vecinos se les llama los de la tierra colorá.

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07May/18

Consejeros de Coviñas viajan a Burdeos y La Rioja para conocer su tejido cooperativo y modos de trabajo

Casi un centenar de miembros de la familia Coviñas, entre consejeros del Grupo y acompañantes, han viajado a dos importantes regiones vitivinícolas como La Rioja y Burdeos para conocer su tejido cooperativo y sus modos de hacer, y recoger de este modo experiencias que puedan aplicar posteriormente en nuestros viñedos e instalaciones.

Así, entre otros lugares, han podido conocer dos cooperativas que tienen mucho en común con Coviñas, ya que ambas son las que más que más viñedos poseen en sus respectivas zonas, la cooperativa Aldeanueva del Ebro, en La Rioja, y Uni-Medoc, en la zona de Burdeos.

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26Abr/18

Los Duques

Debe su nombre al apellido de sus primeros pobladores de mediados del s. XIX: los Pérez-Duque. Una aldea que hunde sus raíces en la tierra con la que se levantaron sus primeras casas y luego las mismas paredes de la Cooperativa Vinícola la Encarnación en 1961.

Se trata de escuchar el paisaje. Que no se deslice en las retinas como una sucesión de mudos fotogramas. Ahora bien, para escucharlo es necesario entender su lengua. Un idioma arraigado sobre estratos de areniscas, arcillas y calizas. Que se alza tímidamente en colinas, cerros y muelas; surcado de ramblas, ramblillas y vallejos. Que se acentúa en semiderruidas casas de labor que han quedado diseminadas como los restos de un naufragio. Junto con ermitaños carrascones, únicos supervivientes de los bosques de encinas que antaño tapizaban estos llanos. Sin olvidar los nombres que ordenan su geografía: la toponimia. Historias que ayudan a situarnos en un mapa de vasta memoria.

Abandonamos Campo Arcís. Nos dirigimos hacia poniente. A la aldea de Los Duques. Dejamos atrás las partidas de Hoyo Iranzo y los Villares, que debe su nombre a las antiguas “villas rústicas” de la época romana. Salvamos la profunda Rambla de los Morenos que atraviesa como una cicatriz las Casas de la Sima, García y Capitán. Divisamos al sur la de la Cabeza, con su caserío de blancas paredes, teja moruna y recogido pinar. Una propiedad que tiene como telón de fondo los Alcores, la Molata y la Umbría del Santo. Cumbres mitradas de pinares, y faldas estampadas de olivos y almendros.

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